EN EL CAMINO DEL TUCUMANAZO

PEDES IN TERRA 6> DOSSIER 2: A 50 AÑOS DEL TUCUMANAZO

En la última semana de octubre de 1968 se reanudaron las clases en el Gymnasium UNT, luego de un incidente entre un profesor que se sintió atacado por las críticas contra la dictadura por un artículo en el mural del Club Colegial Gymnas y le pegó al alumno responsable, y sus compañeros reaccionaron. El colegio fue intervenido por Jorge Saltor, de la Facultad de Filosofía y Letras, institución de la que dependía.

La mayoría de los historiadores ignoran las luchas de los estudiantes secundarios en el contexto de una movilización que se inició con el cierre de los ingenios, precisamente en 1968, y que desembocará en los tucumanazos. Lo máximo es que le dediquen cuatro o cinco líneas a la existencia de estas protestas. Pero sabemos que no fueron pequeñas y que  tuvieron su repercusión social. 1969 fue un polvaderal en Tucumán, con protestas obreras desde comienzos del año en los ingenios Bella Vista, Santa Lucía, San Ramón y la pueblada en Villa Quinteros. Por esos meses, la agitación estudiantil no se detenía: se había creado ya en la Iglesia Pio X el Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo, y en adhesión a los movimientos en otras provincias, miles de estudiantes marcharon en la Plaza Independencia y apedrearon el Jockey Club y la Casa de Gobierno.

Cualquiera advierte que un hecho puntual no es autónomo, forma parte de un proceso o de una cadena de hechos que a su vez constituyen un fenómeno. En ese texto del mural se planteaba ya una dura crítica a la dictadura de Onganía, pero al mismo tiempo al principio de la autoridad, a sus métodos. Lo que ocurrió en octubre de 1968 en el colegio de 25 de Mayo al 600 no fue un problema disciplinario, sino político. Esto debe estar claro.

Quienes intervinieron en ese momento no eran apolíticos o ingenuos (tenía 11 años y me impactó la película “Vidas Secas” que proyectaron en la cancha de básquet). A los 18 años algunos de esos protagonistas ya militaban en agrupaciones (en el PSIN, por ejemplo, que habían creado Carlos Kirschbaum y Ernesto Laclau)

No se pretende, hay que aclararlo desde ya, sostener que aquí se generó “el huevo de la serpiente”. Pero sí contar una parte de la historia que ha sido ninguneada por la mayoría de los académicos.

Igualmente, 1968 fue un año de intensa lucha de clases en Tucumán, pero provenía de 1967, con toda una lucha obrera que tuvo como epicentro el asesinato de Hilda Guerrero de Molina de Bella Vista, en Santa Lucía. El golpe militar económico de Onganía estaba dirigido a reconvertir la industria azucarera y a concentrar la riqueza, pero también a atacar los derechos de los obreros (200.000 personas partieron a poblar  el conurbano de Buenos Aires; la desocupación y la mortalidad infantil crecieron con un cruel porcentaje).

En otras palabras, el Tucumanazo no surgió de la nada: hubo numerosas protestas y puebladas en los años 67, 68, 69 y 70 en distintos ingenios y localidades. Con demandas particulares (cierre de fábricas, pobreza, desnutrición infantil, etc), pero en un contexto internacional (Mayo Francés) y nacional (Cordobazo, manifestaciones en Corrientes, Rosario, Mendoza y la consolidación del clasismo en las ocupaciones de fábricas mecánicas en la misma Córdoba).

Resultará tal vez extraño, pero la primera expresión de denuncia de lo que sucedía en esta provincia vino a través del arte: el grupo Tucumán Arde (artistas de Rosario y media docena de Buenos Aires) lleva a Rosario y a Buenos Aires (en los locales de la CGT de los Argentinos), los datos de la miseria y la pobreza, los testimonios de los obreros del surco, y de la mujeres de las colonias (con afiches, grabaciones, filmes y acciones performáticas). Con censuras y presión policial, las exposiciones duraron 72 y 24 horas, respectivamente. Pero en Tucumán no se conocieron estas acciones artísticas; muchos años después supimos que eran artistas como León Ferrari, Pablo Suárez, Juan Renzi, que, de algún modo, estaban relacionados con los movimientos franceses, el ‘situacionismo’ en particular; cuando ya figuraban en algunos libros de historia.

Casi simultáneamente, ocurría el conflicto en el Gymnasium (narrado por Jorge Neme en este informe). Detrás de una trompada a un profesor querido por los alumnos, no solo estaba la queja contra el principio de autoridad y la dictadura, sino una carga de rebelión política que se extendió durante varios años. Y que explotó en 1970, a pocos meses de noviembre de ese año cuando el Tucumanazo se perfiló como tal. Fue un proceso; uno de sus dirigentes mayores fue Félix Mothe (su testimonio está en esta producción). En mayo y junio se generalizaron las protestas y ocupaciones de fábricas en Córdoba, fue el tiempo de Sitrac-Sitram, de las direcciones clasistas, enfrentadas a la burocracia sindical. El Cordobazo no terminaba, tampoco las puebladas en Tucumán (San Pablo, Amalia, San Juan, Textil Escalada) y las protestas en gran parte del país. Tanta rebelión debía crear una situación revolucionaria.

¿Qué estaba en juego?

1.- La organización sindical independiente, autónoma del Club Colegial Gymnas. La intervención de Élida Pasqualini de Acosta quiso someter el centro de estudiantes bajo la dirección de un profesor (José María Bruguera), pero también se creó otro “centro” con el estudiante Miguel Ángel Nacul. Años después la “madame” fue senadora por el partido de Antonio Bussi  y ocupó otros cargos.

2.- La autodisciplina fue cuestionada, justamente uno de los baluartes del programa de colegio piloto que se proponía el Gymnasium desde su nacimiento. Entender la conducta como un factor externo de imposición no es igual que educar para que cada estudiante y docente reconozca su vida social en un contexto de educación, con sus libertades y limitaciones.

3.- El uniforme. Hasta entonces los estudiantes concurríamos con nuestra ropa común. La intervención exigía un uniforme con saco y corbata. Y el pelo corto, eso sí.  ¿Jeans? No; ¿Pulseras, collares, ornamentos? No, para nada; estaban prohibidos. La “madame” imponía su presencia con un porte ataviado de costosos tapados. Su marido era un importante abogado del fuero penal.

4.- Modelos educativos. Así los llama Félix Mothe. Pero, opino y seguramente vamos a coincidir, detrás de esos modelos estaban la democracia y la dictadura. Desde el ingreso, se nos enseñaba en el Gymnasium a tener un espíritu crítico. No estábamos preparados para recibir órdenes y aceptar porque sí, sin debatirlas.

El 19 de junio de 1970, toda la tensión de los meses anteriores, la rebeldía, marchas en las calles, reuniones y asambleas (recuerdo una gran asamblea en el garage de la casa de Jorge Lanoel, en Córdoba primera cuadra, y otras en Santiago al 900 de los Fontdevila) revienta en un hecho que podría ser hasta mínimo: el pase de la bandera a alumnos que no se pretendía amonestar. Y la bandera desapareció.

Hasta cuando se reabrió el 10 de agosto el local de 25 de Mayo 621 estuvo ocupado por los estudiantes y luego cerrado por la intervención, con asambleas permanentes en la vereda, movilizaciones en las calles, dictado de algunas clases en una casona de Barrio Norte (Santa Fe al 800, frente a la Jefatura de la Policía). La interventora había renunciado mientras se conocía el informe de una comisión que había enviado el Ministerio de Educación de la Nación, que había asumido el 6 de julio.

En las asambleas siempre se planteaba la solidaridad con otras luchas y así también la lectura de adhesiones, entre ellas, de sindicatos obreros. Y si bien el conflicto era la intervención, estaba en debate el limitacionismo, el reclamo de ingreso irrestricto a la UNT y numerosas demandas.

La politización se propuso como una urgencia, al igual que la militancia. Palabras como “pueblo”, “dictadura”, “barricadas y ocupaciones”, “lucha”, “asamblea” comenzaron a ser repetidas y comprendidas aún para los más pequeños del Gymnasium.

Ganado el conflicto nos esperaba otro mayor, en un par de meses.

Nota: (Los estudiantes de las escuelas medias universitarias habrían de ser activos protagonistas de la resistencia inicial contra la dictadura, en un enfrentamiento que se agravó cuando el Régimen promovió la aprobación de la ley de facto nº 17.178, reiterando un viejo anhelo de los sectores conservadores del país: la liquidación de los colegios y escuelas medias dependientes de las universidades nacionales, que constituían una reconocida avanzada pedagógica en el país. Se disponía el traspaso de los institutos y escuelas medias dependientes de las universidades nacionales a la órbita de la Secretaría de Cultura y Educación de la Nación. Nunca se aplicó, salvo en casos excepcionales).


TESTIMONIOS DE PROTAGONISTAS

«DOS MODELOS EDUCATIVOS»

El conflicto del Gymnasium de junio del 70, empezó el 19, en el acto para conmemorar el día de la bandera.

Creo que arranca en el 66 con el golpe militar del “onganiato”, para no ir más lejos. Tal vez cuando la Argentina se haga una constelación familiar podremos saber más al respecto.

Caído el gobierno democrático de Arturo Illia se instala en la Argentina una idea viejísima pero nueva –valga el oxímoron- que es enderezar una sociedad que va cuesta abajo hacia reivindicaciones sociales que los conservadores -propietarios de los medios de producción y el Estado- creen que no se deben dar.

Tucumán pierde a partir de ese año (1966) el 25 % de su población porque se han cerrado 11 ingenios azucareros y sus fuentes laborales colaterales. Esa decisión de cerrar las puertas era  para consolidar la concentración de capitales y favorecer a los ingenios azucareros del norte. El fundamento que se divulga es la no rentabilidad y no actualización de su estructura productiva de la industria tucumana.

La década del 60 mueve las estructuras osificadas de gran parte del planeta, va a terminar el año con los estudiantes franceses, en 1968, en la calle movidos contra la academia con consignas nuevas que nuestro territorio lo vivió en 1918.

El Gymnasium constituido mayormente por hijos de una clase media intelectual se hace eco (tal vez sin demasiada conciencia), y construye una manera más participativa de organizar a los estudiantes en el Club Colegial como se llamaba entonces (hoy Centro de Estudiantes).

Ya existía un periódico, El Chasqui, órgano de expresión tan antiguo como el colegio mismo donde se expresaban más bien cuestiones culturales, y una que otra queja no tan explícita.

Cuando empieza el año 68´ se hace un Mural en un lugar de paso, por el camino a los baños y vestuarios. Acá ya aparecen amén de cuestiones culturales y sociales opiniones políticas.

El responsable del mural era uno de los secretarios de la directiva del Club Colegial que había incorporado en ese panel un artículo que hablaba en contra del golpe militar.

Al colegio lo dirigía interinamente el profesor Germán Torrens hasta que se regularizara la institución porque ya había vencido la gestión de Eduardo Astudillo que fue director por concurso. (Creo que Astudillo fue intervenido o cesanteado como director, digamos echado al mismo tiempo que Virla como Rector; estoy casi seguro de esto).

La universidad estaba dirigida (no estaba dirigida, estaba intervenida, y Paz no era Rector, sino agente de los milicos) por Rafael Paz, naturalmente funcionario afín al gobierno nacional, que a modo de menguar pretensiones estudiantiles agitaba la idea de que no siendo viable ese tipo de educación –tan elitista y cara- en cualquier momento cerrarían el colegio.

El profesor de música (NdelaR: Alfredo Brú), era un tipo churo y amigo de los alumnos de los últimos cursos; tenía la idea -y la difundía- que los militares “pisan la Constitución para que no la pisen más los políticos”.

Era 1968, no me acuerdo exactamente qué día, el docente (cariñosamente `Tío Pila´) pasa frente al mural y se detiene “a leer ese artículo que ponía en riesgo la continuidad del funcionamiento de la institución”. Lo arranca encolerizado hace formar a todos los alumnos frente al mástil donde en las mañanas se izaba la bandera y llama al responsable del mural. Cuando está al alcance de su mano le pega una cachetada vociferando los daños que podría ocasionar ese artículo al colegio. En ese momento los alumnos se abalanzan sobre el docente y los primeros en llegar alcanzan a pegarle una piña y un cabezazo. Los docentes que estaban mirando la escena contienen la turba y “normalizan la situación” cada uno a su aula pero no vuelven a la actividad. Varios alumnos dan parte a sus casas y empiezan a aparecer padres a reprocharle al vicedirector lo que había sucedido.

El profesor de música, guía de los segundos violines de la Sinfónica de la UNT obtiene una licencia y un ascenso a director de la orquesta de la que era parte.

Se hace cargo de la dirección del colegio el decano la Facultad de Filosofía y Letras Jorge Saltor, ya que de esa repartición dependía, y continúa como vicerrector Torrens.

La Argentina del 1969 ve caer a Juan Carlos Onganía eyectado por la rebeldía de la Córdoba industrial que tenía una leve vinculación con la estudiantina. (NdelaR: Onganía finalmente se retira en junio de 1970).

Al año siguiente la nombran como interventora del colegio a la profesora de francés Élida Pasqualini de Acosta. Ella con todo el poder comienza a ordenar el colegio “que era un caos en todos sus niveles los docentes no llenaban los libros de aula, los conserjes no hacían su trabajo como se debía y los alumnos tenían una incontrolable indisciplina”. Ella toma una serie de medidas, muchas resoluciones nosotros desconocemos pero se nos notifica que el Club Colegial ha sido intervenido y que el interventor es el profesor José María Bruguera. También arma la Quinta Columna y aparece un club colegial hecho a la medida de sus necesidades. (NdelaR: Miguel Nacul se hace cargo del club colegial).

Empieza a reordenar. Dispone que los alumnos debían cambiar ese aspecto desordenado y sucio por el uso del uniforme: camisa blanca, corbata azul, saco azul, pantalón gris, zapatos negros, medias azules bien peinados y que se va a dejar de lado la autodisciplina para incorporar el año que viene a los valores imprescindibles para preservar el buen comportamiento del alumnado.

La situación era bastante incómoda para todos. Nadie comulgaba con las medidas propuestas y las futuras.

Ese 19 de junio se iba a hacer el acto frente al mástil en primera hora. Alguien (todavía no se sabe quién fue) cortó el cable donde se ataba la bandera para izarla: ¡no estaba! Los alumnos de los cursos mayores comenzaron a recorrer el colegio cantando “Élida la lo ca, tenía un cole gió, se hacía la due ña, y no valía ni a ca”.

Se sumaron todos los cursos y esa procesión cívica avanzaba desobedeciendo los pedidos de los docentes de que volvieran al curso.

El día académicamente había terminado los alumnos concluyeron la jornada y fueron a sus casas y la directora decidió que se expulsarían varios alumnos por falta de disciplina y a los que al otro día no fueran a clase quedaban libres y sin reincorporación (NdelaR: los suspendidos fueron Oscar Fontdevila, Daniel Yépez, Raúl Rajmil, Miguel Zoireff, Héctor Vacarone y Ricardo Salinas).

El alumnado declaró la huelga que duraría más de 40 días. Se convocaron a los otros colegios de la universidad y se salió a la calle para marchar por 25 de Mayo hasta la Casa de Gobierno. Estaban también los padres y alumnos universitarios que apoyaban la medida.

Las clases no se reanudaron el lunes. Los alumnos se reunieron en el Hit´s Bar que funcionaba justo frente al colegio. Las influencias de la intervención lograron que el barcito fuera cerrado por disposición municipal. De todos modos las reuniones de los alumnos se hacían en la vereda. La huelga seguía y para no perder más días de clase se hizo un “colegio paralelo” en un inmueble de la calle Santa Fe al 800 que era de uno de los familiares de alumnos del colegio.

A las clases la daban los docentes que estaban de acuerdo con la medida, algunos de otros colegios y algunos padres que eran docentes universitarios aunque no tenían relación directa con el colegio.

Finalmente el Ministerio de Educación de la Nación para resolver el conflicto manda a tres docentes de la universidad de Buenos Aires para evaluar la situación y tomar las medidas que más convengan.

Revisaron los libros de aula, vieron las resoluciones, estudiaron los fundamentos de la creación del colegio, hablaron con los docentes, con ordenanzas, con los padres en asamblea, con los alumnos y concluyeron con un informe en el que resolvieron aconsejar a la Facultad la separación de la interventora, dejar al frente del colegio al vicerrector y normalizar la actividad.

Uno de los miembros de la comisión investigadora dijo al salir de la asamblea con los alumnos: “cómo me gustaría que mis hijos vengan a este colegio ¡es ejemplar!”.

Hace pocos años atrás las autoridades del Club Colegial Gymnas resuelven declarar “El Día de la Dignidad Gymnasista” el 19 de junio. La decisión fue tomada con una idea muy general de lo que había sucedido en aquel momento y con la docente de Teatro hicieron una obra de creación colectiva y la representaron en el salón de actos.

En síntesis el conflicto surgió por la colisión entre dos modelos educativos y el ataque al Club Colegial era obliterar una idea: dotar a los educandos de la potestad expresarse en favor de un conjunto de saberes: sin saber pedagogía pero sí sabiendo lo que no se quiere.

Testimonio de Félix Mothe
(Ex alumno del Gymnasium)


«SUCEDIÓ EN OCTUBRE DEL 68»

Era uno de los primeros días de Octubre de 1968. 3, 4 o 5 de ese mes que sería el último mes de clases para el Gymnasium en ese año. El año de estudios e intensa actividad social y deportiva terminaría el 30 de octubre y luego se realizaba el campamento. Quienes cursábamos el 6to año y prontos a ser bachilleres humanistas pensábamos más en la gira de egresados que en las materias que faltaban aprobar. En realidad, éramos un grupo de estudiantes de buenos a muy buenos. Muy pocos iban a tener que rendir alguna que otra materia. Una amplia mayoría marchaba a eximirse en todas.

Nuestra discusión era sobre el plan de la gira. Estábamos los que queríamos recorrer el corazón de América del Sur partiendo en tren hacia Bolivia y continuar a Brasil y quienes querían un modelo más de festejo y fiesta, tomando un barco desde Buenos Aires a Santos. Finalmente tuvimos la flexibilidad, poco común en esa edad, de aceptar que quienes preferían el barco lo tomen y la mayoría opto por el tren desde la Estación El Bajo hacia Santa Cruz de la Sierra.

Nos animaba la curiosidad por comprender la realidad social que nos rodeaba. Habíamos recorrido íntegramente la provincia y el país. Tucumán a pie con la guía de Néstor Grau. Caminamos valles y montañas y bebimos agua cristalina en los ríos de deshielo. Conocimos los peones rurales en la zafra y los trabajadores de la industria azucarera en los Ingenios. Habíamos sufrido el cierre de las fábricas en agosto de 1966 por decisión de la Dictadura Militar y presenciado con pesar el éxodo de miles de tucumanos.

Recorrimos el país en el ómnibus adquirido con el esfuerzo de los padres y de la UNT, con Don Daner al volante. Atravesamos la geografía, la historia y la realidad social y productiva de las cinco regiones de la Argentina: el NOA, CUYO, el NEA, el Centro y la Patagonia, las que además de haberlas estudiado previamente las conocimos a través de los viajes de estudio que nos abrieron las puertas de las fábricas como DINFIA en Córdoba, SOMISA en Buenos Aires, bodegas en Cuyo o la planta de gas en Pico Truncado en Santa Cruz. Todos y cada uno de nosotros teníamos una visión integral del país a los 18 años y más allá de personalidades y vocaciones diferentes, nos animaba una cultura solidaria que nos iba a marcar para siempre como grupo y como grupo que todavía hoy cultivamos, en el acuerdo y en la diferencia.

En esos años las universidades nacionales habían sido intervenidas por Onganía. Dictadura militar que representó apenas un ejercicio “blando” del negro período que Videla y Martínez de Hoz comenzarían en marzo de 1976 con los asesinatos y desapariciones de miles de argentinos y la liquidación de buena parte de la industria, iniciando el largo proceso de decadencia que la Argentina soporta desde esos años, con pocos respiros y bocanadas de aire fresco. Cuarenta y cuatro años para alcanzar 40 % de pobreza y más de 10 % de desocupación.

Un conjunto de dirigentes de extracción conservadora y pensamiento reaccionario tomaron el control político de las universidades con una misión principal: “acabar con el comunismo” que se expresaba mayoritariamente en el movimiento estudiantil. Como parte de esa estrategia se cerraron los comedores universitarios y comenzó una resistencia activa de los estudiantes ante la medida. En realidad, lo que movía a los estudiantes era el proceso de deterioro económico y social que sufrían las clases medias y los trabajadores y que comenzaba a notarse en la pérdida de beneficios propios de un estado de bienestar que la Argentina había construido a partir de 1945 bajo la conducción política del General Perón.

No había tal comunismo, sí había multiplicidad de ideas y tendencias políticas y sobre todo mucha sensibilidad social, que coincidían en manifestarse contra las políticas de la Dictadura. Las movilizaciones crecían en número y vigor y el gobierno optó por el sangriento camino de la represión. El país entero comenzaba a sentir los impactos de un discurso autoritario y una política económica que enfrentaba a las mayorías populares. Las clases media y los trabajadores comenzaban a confluir conjuntamente en acciones contra la dictadura. Era octubre de 1968, faltaban pocos meses para que en Córdoba el 29 de mayo de 1969, obreros y estudiante protagonizarán el Cordobazo, que heriría de muerte a Onganía e iniciaría el camino de salida del primer ensayo de Dictadura Militar.

Pocos días antes de ese Octubre, en el mural del Club Colegial, ahora Centro de Estudiantes, los integrantes de la Comisión Directiva pegaron una serie de recortes de diarios de La Gaceta, de La Nación, de La Prensa y de Clarín de Buenos Aires y de La Voz del Interior de Córdoba con fotos y notas sobre la represión que habían sufrido las manifestaciones estudiantiles en el mes de setiembre. El 12 de setiembre se habían cumplido 2 años del asesinato de Santiago Pampillón, un estudiante radical de la Universidad de Córdoba y se habían realizado distintos actos en varias ciudades del país que fueron reprimidos salvajemente por la Dictadura. Fotos y notas de esos diarios de circulación local y nacional, que nada tenían que ver con confabulación comunista alguna ni nada que estuviera relacionado. Recortes de esos diarios. Eso fue la piedra del escándalo.

Pocos días después el Profesor Alfredo Brú, un hombre apreciado en el Colegio por su buena onda y su compromiso en la organización de los campamentos anuales, pasó frente al Mural, revisó su contenido y arrancó los recortes. Brú, además de su buena onda y amiguismo, era un hombre de pensamiento muy conservador, vinculado estrechamente con el Interventor de la Universidad Nacional de Tucumán, Rafael Paz. Al arrancar aquellos recortes prevaleció, en su acción violenta, su pensamiento más que su historia de afectos con los estudiantes del Colegio.

El Club Colegial estaba dirigido por los estudiantes de 5to y 4to año. Si mal no recuerdo creo que Félix Mothe era su Presidente. Los de 6to año habíamos acordado no formar parte de la Comisión Directiva ese año para dedicarnos de lleno a resolver la realización de gira. Eso había provocado un singular debate ya que algunos nos acusaban de “mercantilistas” y haber abandonado el espíritu gymnasista. Era una expresión más de la intensa vida espiritual y el compromiso social que necesariamente abrazaba el paso por las aulas de esa inolvidable experiencia educativa y formadora.

En una de las reuniones resolvieron escribir una carta de repudio a la actitud el Profesor Alfredo Brú por haber actuado de modo violento y atentando contra la libertad de pensamiento de los estudiantes. Esa carta, que supongo que en algún lugar debe estar guardada, se la entregó en esos días al Profesor, quien era el Secretario de Prensa del Club, Raúl “el Negro” Mansilla, alumno de 4to año.

Unos días después, estábamos en clase y nos convocan de la Dirección a una inesperada y no programada reunión en el patio central, que a su vez era la cancha de basquet y que a un costado tenía el mástil donde todas las mañanas izábamos la bandera. Todos concurrimos y formábamos como todos los días. De izquierda a derecha, formaban 5to y 6to grado, 1ro, 2do, 3ro, 4to, 5to año y al final nosotros, los de 6to año. Los más bajos adelante y los más altos atrás. Una “parada” estudiantil. Al costado del mástil y delante de los alumnos de 5to grado, estaban los profesores que hasta ese momento habían estado dictando clases. Recuerdo una de ellas, Pirucha García Álvarez, gran maestra con la que cientos que pasamos por sus clases aprendimos a escribir.

La historia es que el Director interino, Torrens, nos informa que el Profesor Brú quería dirigirse a todos los estudiantes. Recuerdo que todo era inquietante, no era común una convocatoria de ese modo, nos llamaba la atención y nos preguntábamos mientras estábamos en la fila cuál era el motivo. Era un día soleado, aunque no muy caluroso a pesar de que los días tucumanos en octubre saben ser calientes.

Brú pasa al frente y comienza un discurso que evoluciona de informe sobre la carta que le entregó Raúl Mansilla, a advertirnos a todos de que no iba a permitir nunca más esas faltas por parte del Club Colegial ni de los alumnos. También mostró su enojo porque en una nota firmada por Jorge Lanoel, entonces abanderado del Colegio, en la que relataba un encuentro de abanderados con el Dictador, se refirió al presidente como Onganía y no Excelentísimo Señor Presidente. Ya su tono había pasado de advertencia a amenaza, lo que comenzó a llamarnos mucho la atención y a predisponer nuestro ánimo para lo que iba a acontecer a los pocos minutos. Brú ya encendido y con mucha bronca en sus palabras y gestos, le pide a Mansilla que pase al frente. Brú era de talla alta, corpulento, parecía más un atleta o profesor de Educación Física que de música.

Mansilla recorre los 10 metros desde su lugar en la fila de su curso hasta pararse frente a Brú y recibe inicialmente unos insultos y casi inmediatamente Brú se arroja sobre él y comienza a golpearlo. Al instante junto al Osvaldo “el Oso” Merlini, Abel Herrera y otros compañeros de mi curso, arrancamos en carrera corta hacia Brú, Osvaldo llegó un segundo antes. Brú estaba volcado sobre el cuerpo de Raúl golpeándolo y el Oso, lo tomó del hombro separándolo de Mansilla. Brú quedó parado y yo llegue a la carrera y le di una trompada con toda la furia en la cara. Brú cayo de espaldas, al lado del mástil. Desparramado, desde el suelo me amenazaba, nos amenazaba. Había terminado su ciclo de amistad, comenzaba el ejercicio de un ciclo autoritario. Los estudiantes comenzaron el aguante.

Algunos atendieron a Raúl. Abel “el Colorado” Herrera, querido compañero años más tarde asesinado junto a Hugo Macchi por el Ejército que preparaba la sangrienta Dictadura, comenzó un discurso convocando a una huelga en repudio del Profesor de la Dictadura mientras la Profesora García Álvarez lloraba de angustia mientras nos convocaba a la calma. Brú desde el piso nos amenazaba.

Con la intervención de varios profesores y algunos compañeros más tranquilos todo volvió a la calma. Las clases se suspendieron. A la tarde se anunció que el Colegió sería intervenido. Se dieron por terminadas las clases para el 6to año. Yo quedé libre y tuve que rendir todas las materias libres alentados por mis compañeros y frente a mesas examinadoras generosas y comprensivas de lo sucedido. Nunca nos entregaron e título de bachilleres.

Un día después del último examen nos subimos en un día de 40 grados de temperatura al tren que nos llevaría a Bolivia. Luego recorrimos Brasil, llegando a visitar Brasilia en los últimos días del año. Era todavía un desierto verde con muy pocos edificios. Cada vez que vuelvo no puedo dejar de recordar esa extraordinaria gira de más de 40 días en la que pasamos el Año Nuevo en Copacabana y terminamos llegando al Puerto de Buenos Aires en lo que se llamaba el Vapor de la Carrera, desde Montevideo.

El Gymnasium, ese colegio único, cuyo objetivo fundador era construir un modelo innovador para la educación pública inclusiva, hoy, como todas las instituciones de la Argentina, ya no es el mismo. Sin embargo, sus paredes respiran ese programa de estudios, elaborado por el Director Eduardo Astudillo, que educaba en contenidos y valores que despertaron en nosotros sentimientos solidarios y compromisos con la sociedad. Ese colegio y esas generaciones de estudiantes han generado dirigentes políticos de relevancia, científicos y profesionales reconocidos, investigadores y académicos de renombre, hombres de la cultura y de la empresa, deportistas y artistas  pero también compañeros muy queridos que perdieron la vida por sus ideales y que no solo deberían ser recordados y reivindicados sino también ejemplo para las generaciones que tienen la posibilidad de formarse en sus aulas.

Testimonio de Jorge Neme
(Ex alumno del Gymnasium)